Da la casualidad de que ahora su exabogado, Martín Ordoqui, es un juez suspendido, acusado de asociación ilícita. Siendo amigo de Aníbal nada sorprende.
En octubre del año 1994, Aníbal Fernández era Intendente de Quilmes. Por una investigación judicial estaba siendo buscado por la policía.
El sujeto se encontraba prófugo de la Justicia y en el distrito de Quilmes se rumoreaba que había huido en el baúl del vehículo de un reconocido amigo.
Fue buscado durante 48 horas, desde la mañana de aquel oscuro día en la que el Juez en lo Correccional y Criminal, Ariel González Eliçabe, ordenó su captura en el marco de una investigación por irregularidades en el negociado de la deuda de Quilmes con la empresa Aguas Argentinas.
El funcionario peronista reapareció dos días después, una vez que la Cámara de Apelaciones le concedió el hábeas corpus presentado por sus abogados.
Aníbal Fernández, de acuerdo a la investigación judicial, había falsificado un documento público durante la negociación de aquella deuda del municipio que comandaba.
La historia relata que cuando la orden del juez se hizo efectiva y la policía lo fue a buscar a la municipalidad de Quilmes, Fernández había huido escondido en el baúl de su por entonces amigo y abogado, Martín Ordoqui.
El abogado, luego de aquel favor, comenzaría una ascendente carrera marcada por aciertos políticos que lo llevaron a convertirse en juez de Casación.
En el año 2018, Ordoqui, abogado y amigo de Aníbal, fue suspendido al comprobarse que integraba una banda delictiva y fue acusado de los presuntos delitos de tráfico de influencias y asociación ilícita.
Pasaron los años en un país ensombrecido por el olvido. Finalmente Aníbal Fernández ocupaba el cargo de Jefe de Gabinete de la Nación durante el Gobierno de Cristina, y aseguró no haber estado nunca prófugo de la Justicia y que sólo se mantuvo alejado de la policía «para resguardar la investidura de intendente» que ostentaba en aquel entonces.
Ahora, el Presidente Alberto Fernández lo ha nombrado Ministro de Seguridad. Se trata de un oxímoron de la política criolla: poner a un delincuente a cargo de una cartera que debe ocuparse de cuidar al ciudadano es casi una burla imperdonable.
Así nos va.
FUENTE: El Pais Diario

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