Luego de la salida de Manuel Adorni, el Gobierno de Javier Milei reorientó su agenda legislativa y definió como prioridad el avance del proyecto para eliminar las PASO.
El tema fue planteado por el propio Presidente en una reunión con legisladores en Casa Rosada, y luego reafirmado por el diputado Diego Santilli en un encuentro con Patricia Bullrich y bloques aliados en el Senado.
Según fuentes oficiales, el oficialismo pidió más tiempo para consolidar apoyos y continúa negociando una eventual reforma que incluiría la suspensión de las primarias e incluso la incorporación de un esquema de colectoras.
Este mecanismo, ya utilizado en la política argentina, permite que distintas fuerzas compitan en categorías separadas pero confluyan en una misma boleta en otras instancias. Un antecedente citado es el de 2011, cuando Cristina Fernández de Kirchner sumó apoyos a través de listas colectoras en la provincia de Buenos Aires.
En el oficialismo aclaran que no se trataría de una reedición de la Ley de Lemas ni de colectoras tradicionales, sino de una adaptación al sistema de Boleta Única de Papel, recientemente incorporado al esquema electoral.
La estrategia apunta a permitir que el oficialismo pueda ampliar su base electoral sin necesidad de cerrar alianzas formales, al tiempo que gobernadores y partidos aliados mantendrían sus propias identidades políticas y bloques legislativos.
En paralelo, el Gobierno sostiene que la eliminación de las PASO busca reducir costos y simplificar el calendario electoral, aunque en la oposición interpretan que el objetivo también es reordenar la competencia política en favor del oficialismo.
El debate se da en un contexto de tensiones dentro de la oposición, especialmente en el peronismo, donde continúan las diferencias entre distintos sectores internos.
Por ahora, desde la oposición advierten que no existen definiciones concretas sobre el diseño final del sistema, y califican la iniciativa como un “globo de ensayo” mientras avanzan las negociaciones en el Congreso.

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