El gobierno de Estados Unidos apuesta a una negociación de último momento para evitar una escalada militar con Irán, en un escenario que podría alterar de forma profunda el equilibrio regional.
El encuentro fue impulsado por el Sultanato de Omán, que actúa como mediador entre Washington y Teherán. La reunión se realizará en Ginebra y contará con la participación de emisarios estadounidenses y autoridades iraníes de alto nivel.
Por la administración norteamericana asistirán Steve Witkoff y Jared Kushner, quienes se reunirán con el canciller iraní Abbas Araqchi para explorar un acuerdo que, por ahora, aparece incierto.
Las condiciones de Washington
Estados Unidos presentó cuatro exigencias centrales para desactivar cualquier acción militar:
• Reducir al mínimo el programa nuclear iraní.
• Cancelar la fabricación de misiles balísticos con alcance suficiente para impactar en Israel.
• Suspender el financiamiento a Hezbollah y a los Hutíes, con presencia en Líbano y Yemen.
• Detener la represión interna contra movimientos civiles opositores.
Desde Washington consideran que el cumplimiento de estas condiciones sería clave para frenar la planificación militar en marcha.
Un plan de guerra ya diseñado
A pesar de la vía diplomática, la Casa Blanca ya tendría definido un plan de ataque con objetivos estratégicos dentro del territorio iraní.
La ofensiva inicial incluiría instalaciones nucleares, centros de producción de misiles y la estructura operativa de la Guardia Revolucionaria.
Tras ese golpe inicial —concebido como advertencia— Washington buscaría forzar una negociación directa con el líder supremo iraní, Ali Khamenei.
Riesgo de escalada mayor
Si Teherán no acepta las condiciones, la estrategia podría avanzar hacia una fase más amplia destinada a debilitar o incluso provocar la caída del régimen.
Ese escenario incluiría ataques prolongados contra la estructura militar y de inteligencia iraní, con impacto directo sobre el núcleo del poder político, incluido Mojtaba Khamenei.
Un conflicto con alcance global
La movilización militar estadounidense en la región refleja la magnitud del escenario en discusión. Analistas advierten que cualquier ofensiva podría desencadenar una reacción en cadena con consecuencias regionales e internacionales.
Mientras tanto, la reunión en Suiza aparece como la última instancia diplomática antes de una posible confrontación abierta entre ambas potencias.

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