Luis Rueda no para de sorprender a su militancia y votantes con su reconfiguración política

Luis Rueda sorprende con su juego y sus expresiones en la interna del PJ, alejándose cada vez más de su rol opositor y de la coherencia política que lo caracterizaba cuando era “el mano derecha de Uñac”

En política, las contradicciones pueden tener costo, pero cuando se acumulan y desafían la lógica, el precio suele ser alto. El diputado provincial Luis Rueda atraviesa ese escenario: el de quien dice representar una cosa, pero actúa en dirección opuesta. Su cambio de pensamiento político no solo desconcierta, sino que empieza a bordear el ridículo.

Rueda, exfigura clave del uñaquismo y del justicialismo sanjuanino, hoy está alejado y peleado totalmente del peronismo que lo contuvo durante muchos años en cargos politicos, desde sus inicios en la Municipalidad de Pocito, pasando por la Subsecretaría de la Unidad de Gobernación y hoy finalmente como legislador provincial, en una actitud que genera incomodidad entre quienes lo apoyaron para llegar a la banca que hoy ocupa, integrando el Frente de Todos, esos mismos que esperaban una voz opositora clara frente al nuevo oficialismo, ven ahora en Rueda a un soció politico estrategico y funcional.

Pero la incoherencia no termina ahí. En la interna del Partido Justicialista, Rueda salió a respaldar públicamente a José Luis Gioja como mejor candidato que Cristian Andino para el Congreso Nacional. Lo curioso es que hasta el 2023, era habitual verlo sonriendo y compartiendo actos con Andino, mientras que con Gioja no abundan las fotos ni las coincidencias políticas recientes. La falta de coherencia no solo desconcierta a la militancia bloquista, sino que también debilita su propia credibilidad y con ella la de un partido centenario.

Y como si fuera poco, en una sesión legislativa mandó al  diputado por Ullum, Leopoldo Soler “al psicólogo”, en una salida despectiva que causó polémica. Pero en ese mismo espejo, ahora muchos advierten que es el propio Rueda quien debería analizarse, porque su discurso actual no tiene correlato con su trayectoria ni con sus votantes.

En redes sociales y en los pasillos de la Camara de Diputados de San Juan, la frase se repite: “del ridículo no se vuelve”. Porque los errores políticos pueden corregirse, las posturas pueden debatirse, pero cuando se pierde el sentido de la coherencia, lo que se erosiona es la confianza. Y en democracia, sin confianza, no hay representación que valga.

 

 

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