Isabel Perón, a los 95: una vida silenciosa en Madrid y una frase que resonó en la Argentina

La ex presidenta vive alejada de la vida pública, pero mantiene rutinas, recuerdos y una mirada sobre el país a 50 años del golpe de Estado.

A sus 95 años, María Estela Martínez de Perón continúa llevando una vida reservada en las afueras de Madrid, lejos del foco político pero no completamente aislada. Aunque durante años se instaló la idea de que no salía de su casa, lo cierto es que mantiene algunas rutinas: paseos, visitas puntuales y hasta citas en peluquerías del exclusivo barrio de Salamanca.

Acompañada por su asistente de confianza desde hace más de dos décadas, la ex mandataria se desplaza en un vehículo particular y realiza salidas esporádicas, siempre con discreción. Su presencia, sin embargo, no pasa inadvertida: aún despierta respeto, curiosidad y silencios cómplices.

Isabel Perón gobernó la Argentina durante 632 días, en uno de los períodos más convulsionados de la historia nacional, hasta ser derrocada en el Golpe de Estado en Argentina de 1976. Tras su liberación en 1981, eligió España como destino definitivo, donde permanece desde entonces.

Su historia con Madrid no es nueva. Allí vivió junto a Juan Domingo Perón durante el exilio en los años 60, primero en el barrio de El Viso y luego en Puerta de Hierro, desde donde se gestó el regreso del peronismo al poder.

Con el paso del tiempo, su círculo social se redujo al mínimo. Ya no participa de actividades públicas y son contadas las visitas que recibe. Entre ellas, figuras políticas y religiosas, además de encuentros puntuales que han tomado estado público en los últimos años.

En una de sus escasas interacciones recientes con la prensa, dejó una breve pero significativa frase al ser consultada sobre la Argentina a medio siglo del golpe militar:
“Los recuerdo con mucho cariño”, expresó primero. Luego agregó una reflexión que no pasó desapercibida: “Me alegro mucho que extrañen los viejos tiempos”.

A casi cinco décadas de su caída, Isabel Perón sigue siendo una figura cargada de simbolismo, polémica y memoria. Su presente transcurre en silencio, pero su nombre aún resuena en la historia política argentina.

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