El deporte internacional quedó conmocionado tras la ejecución de Saleh Mohaddani, un joven de 19 años que había obtenido la medalla de bronce en la Copa Saitiev 2024. El hecho ocurrió en la ciudad de Qom, donde fue ejecutado públicamente junto a otras dos personas.
El régimen iraní lo acusó de haber asesinado a un policía durante una protesta contra el gobierno y lo condenó bajo el cargo de “moharebeh”, una figura legal que se aplica a quienes son considerados enemigos del Estado o atacan a las fuerzas de seguridad.
Sin embargo, la familia del joven denunció que fue sometido a torturas y obligado a confesar un crimen que no habría cometido, lo que generó un fuerte rechazo a nivel internacional.
Según diversas organizaciones de derechos humanos, el proceso judicial avanzó de manera acelerada y sin garantías básicas. Entre las irregularidades señaladas, se menciona la falta de acceso a una defensa adecuada, presiones durante la detención y la imposibilidad de presentar pruebas en su favor.
Desde el gobierno iraní, en tanto, se sostuvo que los condenados fueron hallados culpables de asesinato y de actuar en favor de intereses extranjeros, una acusación que suele aparecer en causas de este tipo.
Un contexto de tensión y antecedentes
El caso se da en un contexto de fuerte conflictividad interna en Irán, especialmente tras las protestas que se multiplicaron luego de la muerte de Mahsa Amini en 2022.
En los últimos años, distintos organismos internacionales han advertido sobre el uso de deportistas y figuras públicas como blancos visibles en acciones represivas, lo que aumenta la repercusión global de este tipo de casos.
Repudio desde el deporte
Tras conocerse la ejecución, la atleta y activista Nima Fair expresó su rechazo en declaraciones televisivas, donde calificó el hecho como un “asesinato político flagrante” y lo vinculó con una estrategia para desalentar la protesta social.
Sus palabras se suman a un creciente reclamo internacional que exige mayor transparencia en los procesos judiciales y respeto por los derechos humanos.
Mientras tanto, el caso de Mohaddani vuelve a poner el foco sobre la situación interna en Irán y reaviva el debate global sobre el uso de la pena de muerte en contextos de conflicto político.

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