En medio de una compleja coyuntura política, con altibajos en las cotizaciones de las principales figuras del Gobierno, resulta insólito que sea el lobby de Donald Trump el que llegue al país con la misión de reconstruir la gobernabilidad que el presidente Javier Milei parece no poder consolidar por sí mismo.
Esta injerencia norteamericana expone una permisividad llamativa del Poder Ejecutivo frente al intervencionismo de una potencia extranjera en los asuntos internos del país. La presencia de emisarios ligados al expresidente estadounidense marca un nuevo capítulo en la relación entre Buenos Aires y Washington, con un tono más pragmático que institucional.
En este contexto, al presidente Milei parecen preocuparle menos las cuestiones vinculadas a la soberanía nacional que la aritmética legislativa necesaria para aprobar el Presupuesto 2026, una exigencia que proviene de los sectores más influyentes del mercado y de los acreedores internacionales.
Para alcanzar ese objetivo, el mandatario deberá rearmar sus alianzas y volver a tender puentes con viejos socios políticos: desde los peronistas federales liderados por Miguel Ángel Pichetto, pasando por sectores del radicalismo, la Coalición Cívica, los exlibertarios del MID y Coherencia, hasta el heterogéneo grupo de Provincias Unidas.
De cara a las elecciones legislativas del domingo, La Libertad Avanza podría contar desde diciembre con una bancada de alrededor de 70 diputados nacionales, más un bloque aliado —identificado como “oficialismo blue”— que integran figuras del PRO, aportando unos 20 votos adicionales.
Sin embargo, para aprobar las reformas estructurales que Milei ambiciona —la laboral y la tributaria— necesitará mucho más que apoyo numérico: hará falta una negociación política de alto voltaje. En ese tablero entra en juego el llamado “Cuadrado de Zinc”, el reducido círculo de operadores que buscará sumar voluntades entre gobernadores y legisladores, en un diálogo a varias puntas y con final todavía abierto.

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